HOMENAJE A PLINIO MENDEZ

 

Principios de diciembre de 1973.
Un amigo que me regaló la vida, Carlos Caffarelli, me dijo: ¨¿te gusta el fútbol?¨ ¨Todos los sábados a la tarde en Excursio hay partidos por el ascenso. ¿te enganchás?¨
No podía decir que no. Si era capaz de ver cualquier partido.
Y allá nos fuimos, a Pampa y Miñones con un calor infernal y sin saber quién jugaba esa tarde.
Nos sentamos en la vieja tribunita ya inexistente que daba espaldas al bosque de Palermo y cuán solos y casi insolados, esperamos que empezara la función.
Al toque llegó doña Carmen, enseguida un tano que caminaba de un extremo al otro hablando en un castellano muy gracioso pero imposible de entender.
Y nadie más, pero nadie más en todo ese sector a pleno sol que derretía baldosas pero comenzaba a encender corazones.
¨!Señor… señor!¨ ¨¿quién juega?¨ y el tano me contesta: ¨Fénix y Armenio¨
No tenía ni noción de donde eran, tal vez Armenio, pero Fénix… hummm ¿qué es esto?
Y el de negro (en esa época eran todos de negro) hizo sonar el silbato y comenzó a rodar la redonda que me cambió la vida.
Te hago corta la historia: Primera C, penúltima fecha del torneo (antes terminaban en diciembre) Fénix luchando mantener la categoría y necesitaba un empate como mínimo porque en la última fecha visitaba a Argentino en Rosario y era casi imposible.
Partido duro, luchado, el tano caminaba de un lado al otro como loco y tenía un silbato en la boca. Segundo tiempo, empate en cero, contra ataque de Armenio, un número nueve llamado Mercury, pica en mitad de cancha habilitado y sale disparado para el gol (al desastre del águila) y ahí aparece el defensor más inesperado.
El tano hace sonar el silbato y el tipo se para, no sigue la jugada, el referí que venía de atrás se lo lleva por delante y manda la cana para saber quién de afuera tenía el silbato salvador que no lo dejaba dirigir,
Final con empate en cero. Salvados con angustia … pero siempre fue así la vida de Fénix.
Con Carlitos Caffarelli nos reímos tanto del tano, que nos propusimos volver el año próximo no para ver el partido sinó para volver a ver en acción ese personaje increíble llamado Pierino Luzzi.
Ya en 1974 en la segunda fecha que fui a ver a Fenix, el tano me presentó a Plinio Méndez y éste, me invitó a conocer la sede: ¨Lo espero a cenar, pibe¨ ¨Venga el martes que hay reunión de Comisión Directiva y después cenamos¨
Jamás me checheó, jamás lo checheé, siempre nos tratamos de usted, con respeto pero con mucha simpatía. Siempre me decía pibe, en el ´74 lo era, ahora no tanto, pero siempre mantuvo el mismo mote. Al mes ya me había incorporado al club como directivo. Me dio la responsabilidad de la Secretaría de Actas y ahí empecé un trabajo por amor al club que por casualidad me cambió la vida y no me pude apartar.
Plinio ha tenido la idea de viajar al cielo para ver a Fénix desde allá… hace pocos días, horas quizás.
Cansado de hacer fuerza apoyado al alambrado, quiso buscar un lugar con más panorama para observar la marcha del club.
Nacido en Bragado, Provincia de Buenos Aires, vino de jóven a Buenos Aires traído por un legendario dirigente de River llamado como él: Plinio Garibaldi.
Lo trajo para River (justo a él que era bostero hasta la médula) porque jugaba en la Liga Bragadense y le veía pasta como para que pudiese jugar en la liga más grande, además, como correspondía en aquella época, le consiguió un empleo en el Banco Nacional de Desarrollo, donde trabajó hasta su jubilación.
Llegó a alternar la división reserva en épocas de grandes como Di Stefano, Labruna, y toda esa alta alcurnia futbolística, pero, una operación de meniscos (en aquella época no era como ahora) lo dejó sin posibilidad de llegar más arriba.
El barrio lo trajo a Fénix, por el cuál jugó y después luchó por su engrandecimiento. Desde cualquier sector, en cualquier trinchera, el puesto de combate era indistinto si el beneficio era para el club.
Hombre de carácter fuerte. De ideas y convicciones como todas, discutibles pero de grandezas, de una honestidad inquebrantable y conciliador después de las vehemencias del debate compartiendo una fraternal mesa.
Ese era Plinio Méndez. El que enseñaba el camino del trabajo, El que cuidaba las finanzas del club más que las propias. El que junto a Orlando Anchaño, todas las tardes en la vieja cancha de Conde y Concepción Arenal, los reunía el compromiso de aportar todo el esfuerzo y la energía posible para mejorar la cancha.
Ahora ya no está entre nosotros, seguro estarán haciendo una partida de truco en el cielo, junto al tano Pierino, Oscar Cortis, Rodolfo Abbedutto (padre) y muchos otros que también merecererían mención en esta historia.
Se ha ido un gran hombre. Un hombre de bien, un hombre de familia, un hombre inclaudicable en la lucha de todos los días.
Dios le dio la jubilación eterna, estoy seguro que ya se habrá apropiado de la parrilla y estará convocando a todos los amigos a compartir el asado de la amistad fenixista.
Gracias Plinio por dejarnos tu ejemplo, tu amistad y tu obra. Jamás te olvidaremos.
Jorge Suardíaz

 

 
 

 

 

Diseñado por Enigma Webs